Santiago, marzo 2010.- El 9 de marzo a las 19:30 horas se inaugura en la Sala Cero la muestra de Cata. González titulada “Cosmorama de una Frontera Digital” que reúne un conjunto de fotomontajes que construyen paisajes alegóricos.
Cosmorama de una frontera digital es la construcción de un paisaje como un alegórico, una reconstrucción ficticia donde el espacio social se extrema hacia un panorama o lugar que pierde su carácter ideal apuntando más a la imagen distópica.
Cata. González trabaja la construcción de fotomontajes “ porque me permite reunir y presentar un estudio de materiales de esta época en un mismo espacio las contradicciones y contrastes reflejados en los diferentes modos de habitar, acentuar y profundizar fenómenos de espacialidad y aspectos sociales. Utilizando el simulacro y la ficción para ironizar. Es un lugar donde el fragmento fotográfico se comporta más como símbolo de una imagen del mundo contemporáneo. Esto me permite ver las cosas de manera diferente, jugando con la articulación de lo desconocido y lo familiar.
Con referencias a ciertos símbolos del Islam y a la guerra entre dos mundos, Cata. González “plantea un paisaje de disuasiones de encuentro y desencuentro de un espacio social y un paisaje de contrastes que es a la vez un ejercicio de memoria y de crítica. Una reflexión sobre la ciudad, el espacio, la intimidad y lo inhóspito”.
Cata. González, Santiago de Chile 1979. Estudió Bellas Artes en la Universidad Arcis y posteriormente el Diplomado en Estética y Pensamiento Contemporáneo en la Universidad Diego Portales. Destaca su participación en la exposición colectiva de arte contemporáneo de mujeres en Chile, Del otro Lado, Centro Cultural Palacio La Moneda (2006). Y el año 2007 recibe el premio Bicentenario de arte joven MAVI. Ha expuesto individualmente en la Galería AFA, Santiago de Chile (2008) y en el contexto del mes de la fotografía europea exhibe su trabajo en la exposición colectiva “Constructed Realities” en Fotogalerie Viena y en muestras en Barcelona, España y Venecia, Italia.
Cosmorama de una frontera digital: habitar la imagen distópica
Se denomina unheimlich todo lo que, debiendo permanecer secreto,
oculto… no obstante, se ha manifestado (Schelling)
Al recorrer la obra de Cata. González, percibimos dos momentos, aquel de encuentro, de reconocimiento, y luego, ese descalce o unheimlich, donde se revela lo ajeno, donde aquello que nos parecía conocido resulta impenetrable y provoca una distancia cercana al recelo. La posibilidad de ser de cada imagen y su ambivalencia tensionan aquel sentimiento, un estado de suspensión, un paréntesis, un punto de quiebre que ilustra el instante preciso del desprendimiento, la separación de sus personajes de la realidad circundante.
La obra de Cata González, se construye desde esa ruptura, niños y adolescentes habitan espacios, territorios ocupados de víctimas de una prolongada indiferencia. El habitar ya no es posible, sino solo el tránsito del espectador que recorre la sala y se enfrenta a los lindes de su realidad. Cuatro paredes que contienen y acogen la obra. Desde ahí es desde donde comienza su significado, la frontera entendida no como margen sino como lugar donde surge todo lo que en su esencia habita esa frontera. La obra se adueña del lugar, elabora una narrativa en la que una realidad urbana es exacerbada por medio de una serie de imaginarios, meticulosamente armados, donde todo yace donde debe. Irrealidad perfectamente labrada. Una imagen que es muchas imágenes, que se enmarcan y desbordan en su condición de posibles.
De esta manera, en la construcción de a obra, el fotomontaje es el medio, pero también parte de su esencia, la evidencia de una realidad construida, pero más que nada una toma de posición que se traduce en una imagen subjetiva, una plataforma posible, un futuro alternativo. El fotomontaje se vuelve un instrumento que busca recomponer una realidad deconstruida supeditada al metarelato de la tecnología. Busca unir parte a parte estas construcciones distópicas, artefactos de convivencia, prótesis que posibilitan el habitar y que contienen esa intimidad de la que sus personajes carecen.
Nos enfrentamos en este conjunto de obras a una alegoría del paisaje, ficción del espacio social, imagen sintomática del mundo contemporáneo y sus disputas ideológicas. La presencia de elementos Islámicos, que descansan en el imaginario de occidente se han convertido prácticamente en sinónimo del conflicto bélico en el medio oriente. Su potencia estética los convierte en elementos visualmente seductores y exóticos que nos compelen a venerarlos. Ponen de manifiesto la idea latente de un escenario de post guerra, una guerra mediática, una guerra que se nos escapa, pero sin embargo deja ver sus huellas, la sacralidad de su significado y cómo eso reescribe y reestructura las lecturas de toda realidad o futuro posible.
Finalmente nos enfrentamos a una obra que en su pulcritud nos arroja a la desolación y el vacío, al silencio siniestro, de cuando no hay ideal posible, solo un espacio disponible, desolado y dispuesto para ser rehabitado. En medio de las ruinas contemporáneas, la imagen distópica se acentúa en este choque implacable de momentos, de estados y de contradicciones, entre lo posible y lo perdido, entre la posibilidad de construir y el impulso de ceder. Cada fotografía capta un momento preciso, donde no hay vuelta atrás, alea jacta est.
Constanza Robles S.